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[Ludopatía–historia]

La psiquiatría ha tardado muchos años en preocuparse de los problemas derivados de los juegos de azar, a pesar de ser una cuestión que ha afectado al hombre desde los inicios de los tiempos.

 Uno de los padres de la psiquiatría, Kraepelin, hizo una de las primeras referencias hace poco más de cien años, describiendo la “manía del juego”. Desde el inicio del siglo XX, todas las diferentes escuelas se dieron cuenta de la importancia de esta patología, y empezaron a considerar al jugador como un enfermo mental.  Sin embargo no fue hasta 1980 cuando se introdujo el concepto de “juego patológico” por la American Psichiatric Association, definiendo por primera vez unos criterios diagnósticos específicos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tardó unos pocos años más en reconocer la ludopatía como una enfermedad específica.

[Ludopatía-formas de presentación]

Hay innumerables juegos de azar, desde los juegos más tradicionales (bingo) hasta los más novedosos (juego en internet). Sin embargo hay un factor importante en todos ellos, es la inmediatez del premio. Cuanto más cercano esté el premio de la apuesta, más adictivo es el juego. Una a puesta a la lotería o a la quiniela, donde el boleto se compra varios días antes del sorteo es menos adictiva que una apuesta a una maquina tragaperras o a un rasca-rasca donde pasan segundos desde la apuesta hasta la posibilidad del premio.

Actualmente se considera que la ludopatía tiene una prevalencia del 1.6% de la población a lo largo de la vida. La prevalencia es mayor en los núcleos urbanos que en el medio rural, igualmente en las zonas pobres es más frecuente que en las zonas más acomodadas. Sin embargo existe una alta proporción de población que no se pueden considerar ludópatas desde el punto de vista estricto, y no cumplen con todos los criterios diagnósticos de ludopatía, pero tienen una marcada implicación en conductas relacionadas con el juego, son los considerados “jugadores problemáticos”, debido al alto riesgo de convertirse en poco tiempo en ludópatas. Estos jugadores problemáticos tienen una prevalencia que oscila entre el 2,5% y el 5% de la población.

[Ludopatía-fases]

En la fase inicial, de duración variable, el paciente juega cada vez más cantidad y más veces. En estas circunstancias es probable que se pase tarde o temprano por unos periodos de ganancias que favorece el desarrollo de creencias irracionales en torno a lo que motiva que el jugador gane o pierda.

A medida que va evolucionando el trastorno y comienzan las pérdidas importantes de dinero, el jugador es incapaz de aprender de la experiencia y continúa jugando con la falsa ilusión de recuperar lo perdido. Cuanto más pierde más se repite este comportamiento, y empieza una espiral de conductas relacionadas con el juego, mentiras y engaños para obtener dinero y justificar las pérdidas.

Más adelante, el juego es la mayor preocupación del sujeto que necesita seguir jugando para recuperar lo perdido y porque siente un gran malestar si no juega (síndrome de abstinencia). El juego ocupa cada vez más tiempo y suele ir dejando de lado las amistades y sus aficiones, se va deteriorando su vida familiar y laboral y pueden iniciarse en la realización de actos delictivos (hurtos, falsificación de firmas, robos, estafas …). A veces incluso esta adicción puede terminar en conductas suicidas para poner fin al infierno donde se ha metido.

Los efectos de la ludopatía suelen ser como en las demás adicciones una sensación de euforia cuando está jugando y un malestar con síntomas de inquietud o irritabilidad cuando se intenta interrumpir esta conducta, se trata del llamado síndrome de abstinencia del jugador.

[Ludopatía-causas]

Según diferentes escuelas la ludopatía tiene varias explicaciones:

  • Las teorías psicoanalíticas relacionan la ludopatía con complejos edípicos, atribuyéndole una personalidad masoquista de modo que utiliza el juego para obtener placer con el autocastigo. Otros piensan que se trata de personalidades narcisistas que invocan mecanismos de omnipotencia desafiando la lógica.

  • Las teorías conductistas intentan explicar el desarrollo de la ludopatía como un refuerzo positivo, la identificación de ese refuerzo podría ser en forma de ganancias económicas o por la excitación que produce el juego en el sistema nervioso central de forma que una vez experimentado llevaría a jugador a buscarlo nuevamente. El malestar producido al evitar jugar ante los estímulos relacionados con el juego (música, ambiente …) actuaría como un refuerzo negativo y llevaría al jugador a repetir esta conducta.

  • Teorías biológicas.
  • a) El juego patológico es un trastorno en el control de estímulos que supone la implicación de mecanismos serotoninérgicos.
    b) Hay teorías que defienden un alto nivel de excitación  y un rasgo temperamental de buscador de sensaciones que sustentan la alteración del sistema noradrenérgico.
    c) Otro modelo señala la implicación del sistema dopaminérgico.
    d) Otras teorías buscas etiologías en los trastornos afectivos y en el trastorno obsesivo compulsivo.

[Ludopatía–tratamiento]

A pesar de una gran importancia sociosanitaria de la ludopatía los tratamientos tanto psicológicos como farmacológicos se encuentran en sus inicios, eso no significa que no sean efectivos, pero es necesario estudios más avanzados en esta materia.

PSICOLÓGICOS:

Terapia psicoanalítica. A pesar de ser los primeros en informar sobre su utilidad, los críticos se quejan de ausencia de medidas objetivas para la evaluación de los resultados.
Terapia cognitivo conductual. Dos tipos de técnicas, aversivas , técnicas reductoras de ansiedad, de control de estímulos, y de exposición in vivo con prevención de respuesta.
Grupos de autoayuda. Está inspirado en los principios y estructura de los Alcohólicos Anónimos.

FARMACOLÓGICOS:

Fármacos serotoninérgicos. Se han realizado estudios que demuestran su utilidad frente a placebo (sustancia sin actividad) especialmente en varones.
Antagonistas opiáceos como la naltrexona han sido utilizados para tratar la ludopatía.
Estabilizadores del estado de ánimo. Como el Litio o la carbamazepina.  También se ha usado el topiramato con éxito.