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FAD - Fundación de Ayuda contra la Drogadicción


[alucinógenos-historia]

Los alucinógenos naturales han sido drogas psicoactivas empleadas por innumerables culturas y ritos religiosos a todo lo largo de la historia de la humanidad, entre las que pueden destacarse desde el soma citado como deidad en el Rig-veda hindú, hasta el teonacaltl, el ololiuqui o el peyote procedente de la civilización azteca. En 1600 a. C. ya se utilizaba el hongo Amanita muscaria en la India.

El cactus peyote, nombre azteca del llamado "hongo mágico" de México y Centroamérica posee un historial de uso humano más prolongado que el de cualquier otra planta de las que alteran la mente. Parte de la información que nos ha llegado hasta hoy de su uso en la antigüedad proviene de Francisco Hernández, médico del rey Felipe II de España que hizo varios viajes a México y pudo comprobar el uso sagrado que la civilización azteca daba al peyote. Es un cactus designado como Lophophora williamsii o bien como Anhalonium lewinii, y se empleó durante siglos en las ceremonias religiosas de los indios mexicanos y ha perdurado hasta hoy en sus rituales sagrados como la Iglesia Nativa Americana, una corriente espiritual cristiana que fue fundada en 1880 por los indios navajos, y su culto recibió la sanción oficial,  formando un sincretismo entre las creencias cristianas y las tradicionales. En los años sesenta era considerado como el principal culto religioso de los indios norteamericanos que habitan entre las Montañas Rocosas y el Mississippi. El empleo de una droga que altera la mente llegó a ser materia de controversias legales y disputas legislativas entre los congresistas.

El alcaloide activo del peyote, la mescalina, fue aislado en 1896 por A. Heffter y, en 1919, E. Späth determinó su estructura y la sintetizó. El neuroanatomista Purkinje en 1829 ya había descrito sus efectos. Otras de las descripciones interesantes de los efectos que produce la mescalina es la que hizo el escritor Aldous Huxley en sus ensayos “Las puestas de la percepción” que data de 1954 y “Cielo e infierno” de 1956.
La psilocibina y psilocina son los principios activos de una serie de hongos del género psylocibe, stropharia y paneolus. Su uso se situó en la antigüedad en México y la América Central, denominando a estos hongos con el nombre azteca de teonanacatl que quiere decir carne de dios u hongo divino. Esculturas en piedra de hongos psicoactivos hallados en El Salvador, Guatemala y en varias zonas de México son anteriores al año 500 a.J.C. Rostros de dioses o demonios esculpidos en los tallos confirman el papel que desempeñaban estos hongos en los ritos religiosos. En el siglo XVI, el padre franciscano Fray Bernardino de Sahún, describió los usos y efectos de estos hongos en la Historia general de las cosas de la Nueva España. Pero el mérito de haber sido los primeros en introducirse en la antigua y secreta cultura teonanactl y de haber sacado de ella cuantiosas partidas de los hongos para su identificación química le corresponde a R. Gordon Wasson, y a su esposa Valentina Pavlovna, médico pediatra interesada por los efectos medicinales de las plantas, en 1953. La pareja durante los años cincuenta, hicieron varias expediciones por México con el propósito de adentrarse en la cultura indígena y obtener la planta teonanactl, ingirieron los hongos y adquirieron muestras. Los acompañó Roger Him, un micólogo experto, quien identificó el hongo psicoactivo como perteneciente al género Psilocybe mexicana. Con la ayuda del investigador Albert Hofmann, de los laboratorios Sandoz, conocido por el descubrimiento del LSD, consiguió aislar el principio activo de, la psilocina. Observaron que esta sustancia tenía una gran semejanza estructural con la serotonina, un neurotransmisor cerebral, y parecida clínica con el LSD, siendo la principal diferencia entre ambas sustancias, que los efectos  de la psilocina desaparecen al cabo de cuatro a seis horas, mientras que los LSD persisten de ocho a doce.

El ololiuqui, nombre con el que los aztecas denominaban a la droga, o el badoh de los zapotecas, se obtienen a partir de la Rivea corymbosa, y cuyos principios activos son la ergina e isoergina, fue y es utilizada aún en la actualidad por tribus indígenas del sur de México. En Hawai se utilizaban las semillas de la Argyeia nervosa, ricas también en estas sustancias.

Pero fue en 1943 cuando se descubrió el LSD, por el químico suizo Albert Hoffman. Se encontraba investigando vías semisitéticas para la producción comercial de diversos alcaloides del cornezuelo del centeno, llegando al aislamiento del ácido liségico, a partir del cual se sintetizarían los múltiples análogos por sus posibles propiedades terapéuticas. Sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico en 1938, pero tras realizar ensayos experimentales en úteros aislados, la sustancia no pareció de interés y fue aparcada. Cinco años más tarde resintetizó la sustancia, y fue a lo largo de las manipulaciones del final de la síntesis, que absorbió una pequeña cantidad por vía cutánea y experimentó unas sensaciones sin precedentes. Al día siguiente Hoffmann escribió a Arthur Stoll un memorándum del histórico suceso:

"El viernes pasado, 16 de abril de 1943, me vi obligado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y marcharme a casa, afectado por una notable agitación acompañada de un ligero mareo. Al llegar a casa, me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra, con los ojos cerrados (la luz del lía me resultaba desagradablemente chillona), percibía un incesante raudal de imágenes fantásticas, de extraordinarias formas con un juego caleidoscópico de colores. Transcurridas unas horas, el trastorno se desvaneció".

A. Hoffman pensó que estas sensaciones se las había causado probablemente la sustancia química que acababa de sintetizar. El 19 de abril sometió a prueba su hipótesis ingiriendo 0,25 miligramos de LSD, una cantidad que para la mayoría de las drogas se considera pequeñísima, sin embargo dada la potencia del LSD, tal dosis era enorme. Las reacciones que Hofmann experimentó fueron espectaculares y bastantes desagradables.

La ayahuasca, caapi o yagé, nombres diferentes de la misma sustancia, es una droga psicoactiva rica en harmalina, harmina y harmalol, que se obtiene de la cocción de dos plantas de la cuenca amazónica (Banisteriopsis caapi y Psycotria viridis), o  en Africa, Oriente Medio y Rusia se obtiene de Peganum harmala. El consumo de ayahuasca es aún hoy día un rito importante entre las poblaciones indígenas de la selva amazónica y en especial entre la etnia jívara o shuar. Los principios activos se sintetizaron por primera vez en 1841