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FAD - Fundación de Ayuda contra la Drogadicción


[alcohol-historia]

El alcohol cuenta con una larga historia, estando presente en nuestra cultura durante muchos siglos. Las bebidas alcohólicas han sido conocidas y utilizadas por el hombre desde tiempos inmemoriales. La llamada hidromiel, mezcla fermentada de agua y miel, y la cerveza se han consumido de forma casi universal hace miles de años. La mayoría de las religiones, como el budismo, islamismo, etc., menosprecian el alcohol. El vino sólo logró un alto respeto en la religión judía, utilizándolo en ceremonias sociales. El cristianismo lo elevó a sangre de Cristo.

Se conservan restos del año 2200 a. J. C. que evidencian cómo se recomendaba la cerveza a mujeres en estado de lactancia. El código del rey babilonio Hamurabi amparaba a los bebedores de cerveza y vino de palma, y hacía ejecutar a la tabernera que rebajara la calidad de la bebida.

Los griegos rendían culto a Dionisio y ofrecían bebidas alcohólicas a sus dioses y a los soldados antes de que estos entraran en combate; también las utilizaban para facilitar sus relaciones constituyendo el eje de los denominados symposia (banquetes celebrados con fines recreativos en los que intercambiaban ideas filosóficas, políticas, etc. mientras ingerían vino, cerveza e hidromiel). Opuestos al empleo femenino del alcohol, los griegos entendían que hasta la segunda edad resultaba absolutamente intolerable la embriaguez, y solían beber vino aguado. Atribuían sus efectos relajantes a Dionisio, dios de la vegetación y el esperma, preconizando un empleo cada vez más generoso de esta droga a partir de los cuarenta años. Celtas, romanos, escitas y otros pueblos antiguos no excluían a las mujeres del consumo, y algunos permitían beber desde la adolescencia.

Los romanos apreciaban el vino y contribuyeron a la difusión de la vid por toda Europa, así como a afianzar la reglamentación de la viticultura. La expansión del Imperio Romano significó la primera oleada de alcoholización de la humanidad. El alcohol pronto dejó de significar algo mágico o ritual, obligando a regular su uso en distintas civilizaciones

Las referencias bíblicas al vino son muy numerosas. "Parece imposible cumplir la Ley siendo abstemio, pues en todas las ocasiones de señalada importancia social (circuncisión, fiestas, matrimonios, banquetes por el alma de los difuntos,) es correcto apurar al menos un vaso”.
También América conoce fermentaciones alcohólicas de escasa graduación desde tiempos remotos: el pulque y la chicha gozaron de amplia aceptación entre los pueblos aborígenes, quienes les atribuían un significado religioso, curativo y mágico.


El consumo de bebidas alcohólicas se asoció durante la Edad Media con salud y bienestar. De hecho, el alcohol adoptó ese nombre a finales del siglo XVI pues hasta entonces se le conocía con el apelativo de aqua vital o agua de la vida. Durante este periodo de tiempo, apareció la técnica de destilación en Europa de mano de los árabes, lo que supuso la posibilidad de tener bebidas alcohólicas de mayor concentración y de efectos intoxicantes muy rápidos. Los alquimistas supusieron que el alcohol era el buscado elixir de la vida. Por ello se le consideró un remedio para muchas enfermedades, como lo indica el término whisky (del gaélico usquebaugh, "agua de la vida"). El proceso de destilación pronto se expandió y supuso la segunda epidemia de alcoholización.

En los siglos XVII, XVIII y XIX se desarrollaron los procedimientos de la crianza de los vinos y licores y la aplicación de las técnicas científicas culminaron con Pasteur al descubrir la intimidad del proceso de fermentación, iniciándose la llamada enología científica.

A lo largo del siglo XIX, la medicina se interesó por los efectos del alcohol y entre los primeros problemas médicos abordados desde ese planteamiento estaba el abuso del alcohol. Debemos a dos médicos formados en Edimburgo, Thomas Trotter y Benjamin Rush, la primera aportación importante; consideraron el alcoholismo como una enfermedad crónica y una amenaza para la vida. Los estudios clínicos del siglo XIX perfilaron el cuadro clínico y la base patológica del abuso del alcohol. Así, se comenzó a hablar de que el consumo habitual y continuo de bebidas alcohólicas dañaba el hígado y producía disfunciones mentales. Las exposiciones de Rush al respecto y, teniendo en cuenta que era un personaje público y signatario de la Declaración de Independencia, ayudaron a llevar a cabo la Prohibición Americana, que se extendió desde 1919 hasta 1933.

Fue a partir de la Revolución Industrial del siglo XIX cuando el consumo de esta sustancia alcanzó niveles hasta entonces desconocidos, que se vieron incrementados desde la segunda mitad de esta centuria, con la masificación de las ciudades, produciéndose una demanda generalizada de alcohol, dando lugar a la tercera oleada de alcoholización y, según algunos autores, la existencia del alcoholismo como problema social.
A partir de mediados del siglo XX se puede diferenciar una cuarta oleada de alcoholización. Las causas pueden ser los movimientos migratorios, los medios de comunicación de masas, la explosión consumista, el "estrés", etc. En la actualidad se reconoce que el valor terapéutico del etanol es relativamente limitado y que su ingestión crónica en cantidades excesivas es un problema social y médico de primer orden. No obstante, la sociedad y la ciencia están buscando estrategias tanto farmacológicas como comportamentales para combatir el alcoholismo.

El alcohol cuenta con una larga historia, estando presente en nuestra cultura durante muchos siglos. Las bebidas alcohólicas han sido conocidas y utilizadas por el hombre desde tiempos inmemoriales. La llamada hidromiel, mezcla fermentada de agua y miel, y la cerveza se han consumido de forma casi universal hace miles de años. La mayoría de las religiones, como el budismo, islamismo, etc., menosprecian el alcohol. El vino sólo logró un alto respeto en la religión judía, utilizándolo en ceremonias sociales. El cristianismo lo elevó a sangre de Cristo.

Se conservan restos del año 2200 a. J. C. que evidencian cómo se recomendaba la cerveza a mujeres en estado de lactancia. El código del rey babilonio Hamurabi amparaba a los bebedores de cerveza y vino de palma, y hacía ejecutar a la tabernera que rebajara la calidad de la bebida.

Los griegos rendían culto a Dionisio y ofrecían bebidas alcohólicas a sus dioses y a los soldados antes de que estos entraran en combate; también las utilizaban para facilitar sus relaciones constituyendo el eje de los denominados symposia (banquetes celebrados con fines recreativos en los que intercambiaban ideas filosóficas, políticas, etc. mientras ingerían vino, cerveza e hidromiel). Opuestos al empleo femenino del alcohol, los griegos entendían que hasta la segunda edad resultaba absolutamente intolerable la embriaguez, y solían beber vino aguado. Atribuían sus efectos relajantes a Dionisio, dios de la vegetación y el esperma, preconizando un empleo cada vez más generoso de esta droga a partir de los cuarenta años. Celtas, romanos, escitas y otros pueblos antiguos no excluían a las mujeres del consumo, y algunos permitían beber desde la adolescencia.

Los romanos apreciaban el vino y contribuyeron a la difusión de la vid por toda Europa, así como a afianzar la reglamentación de la viticultura. La expansión del Imperio Romano significó la primera oleada de alcoholización de la humanidad. El alcohol pronto dejó de significar algo mágico o ritual, obligando a regular su uso en distintas civilizaciones

Las referencias bíblicas al vino son muy numerosas. "Parece imposible cumplir la Ley siendo abstemio, pues en todas las ocasiones de señalada importancia social (circuncisión, fiestas, matrimonios, banquetes por el alma de los difuntos,) es correcto apurar al menos un vaso”.

También América conoce fermentaciones alcohólicas de escasa graduación desde tiempos remotos: el pulque y la chicha gozaron de amplia aceptación entre los pueblos aborígenes, quienes les atribuían un significado religioso, curativo y mágico.

El consumo de bebidas alcohólicas se asoció durante la Edad Media con salud y bienestar. De hecho, el alcohol adoptó ese nombre a finales del siglo XVI pues hasta entonces se le conocía con el apelativo de aqua vital o agua de la vida. Durante este periodo de tiempo, apareció la técnica de destilación en Europa de mano de los árabes, lo que supuso la posibilidad de tener bebidas alcohólicas de mayor concentración y de efectos intoxicantes muy rápidos. Los alquimistas supusieron que el alcohol era el buscado elixir de la vida. Por ello se le consideró un remedio para muchas enfermedades, como lo indica el término whisky (del gaélico usquebaugh, "agua de la vida"). El proceso de destilación pronto se expandió y supuso la segunda epidemia de alcoholización.

En los siglos XVII, XVIII y XIX se desarrollaron los procedimientos de la crianza de los vinos y licores y la aplicación de las técnicas científicas culminaron con Pasteur al descubrir la intimidad del proceso de fermentación, iniciándose la llaada enología científica.

A lo largo del siglo XIX, la medicina se interesó por los efectos del alcohol y entre los primeros problemas médicos abordados desde ese planteamiento estaba el abuso del alcohol. Debemos a dos médicos formados en Edimburgo, Thomas Trotter y Benjamin Rush, la primera aportación importante; consideraron el alcoholismo como una enfermedad crónica y una amenaza para la vida. Los estudios clínicos del siglo XIX perfilaron el cuadro clínico y la base patológica del abuso del alcohol. Así, se comenzó a hablar de que el consumo habitual y continuo de bebidas alcohólicas dañaba el hígado y producía disfunciones mentales. Las exposiciones de Rush al respecto y, teniendo en cuenta que era un personaje público y signatario de la Declaración de Independencia, ayudaron a llevar a cabo la Prohibición Americana, que se extendió desde 1919 hasta 1933.

Fue a partir de la Revolución Industrial del siglo XIX cuando el consumo de esta sustancia alcanzó niveles hasta entonces desconocidos, que se vieron incrementados desde la segunda mitad de esta centuria, con la masificación de las ciudades, produciéndose una demanda generalizada de alcohol, dando lugar a la tercera oleada de alcoholización y, según algunos autores, la existencia del alcoholismo como problema social.

A partir de mediados del siglo XX se puede diferenciar una cuarta oleada de alcoholización. Las causas pueden ser los movimientos migratorios, los medios de comunicación de masas, la explosión consumista, el "estrés", etc. En la actualidad se reconoce que el valor terapéutico del etanol es relativamente limitado y que su ingestión crónica en cantidades excesivas es un problema social y médico de primer orden. No obstante, la sociedad y la ciencia están buscando estrategias tanto farmacológicas como comportamentales para combatir el alcoholismo.

[alcohol-sociologia]

Patrones de consumo.

El alcoholismo es la primera toxicomanía en muchos países del mundo. Afecta a un gran número de individuos, en general adultos, pero también y cada vez más los adolescentes van viéndose afectados, no solo por procesos de alcoholización sino también por problemas relacionados con los consumos de alcohol, aunque no medie la dependencia (accidentes, problemas familiares, escolares, intoxicaciones graves.). Es la droga más consumida en todos los tramos de edad, en los dos sexos y en casi todos los grupos sociales.

Con respecto a los jóvenes, esta sustancia se consume muy por delante de otras drogas ilegales. Ante lo que ellos consideran un uso esporádico del mismo, puede afianzarse una alcoholización precoz, dado que las dependencias alcohólicas más graves se inician a esas edades.

Consumo en España.

El alcohol, desde su posición de sustancia psicotrópica no sólo legal, sino además socializada, ocupa un primer rango en los consumos de los españoles mayores de 14 años: un 49 % reconoce su uso en el último mes, mientras que un 15% admiten su consumo diario.

Se ha producido un cambio significativo en los patrones de consumo en los últimos diez-quince años. Del consumo diario, especialmente asociado a las comidas en familia y pequeñas reuniones, se ha pasado a un consumo que, protagonizado por jóvenes, centra casi exclusivamente su actividad en los fines de semana y otros periodos de ocio. Esta ruptura con la tradicional forma de consumo se manifiesta también en la elección de las bebidas. Frente al uso común de vino, ha aumentado la cerveza, los combinados y los licores de alta graduación.

Se aprecia una creciente precocidad en el inicio de su consumo: a los 11 años, un 3,5% ya han probado bebidas alcohólicas.

En los últimos años, se observa un incremento en el consumo de alcohol entre mujeres, observándose por primera vez un mayor consumo entre las mujeres jóvenes (15 a 18 años) que los registrados entre varones de su misma edad.

Frente a la tendencia decreciente en los consumos globales de alcohol durante los últimos años, en 1997 se apreció un incremento del 1,5 % respecto al año anterior, aumentando los consumos de sidra, vino y cerveza frente a la disminución del consumo de licores.

Tipos de bebidas alcohólicas

  • Las bebidas fermentadas: Son aquellas que proceden de un fruto o de un grano, y que por acción de levaduras, han sufrido un proceso de fermentación (vino, cerveza, sidra etc.).
  • Las bebidas destiladas: Son aquellas que se obtienen destilando una bebida fermentada, es decir, eliminando por el calor, parte del agua que contiene. Una bebida destilada tiene mayor graduación (más alcohol), que una bebida fermentada.

[alcohol-efectos]

Al hablar de alcohol nos estamos refiriendo al etanol, de fórmula química CH3 CH2 OH, que es el principal componente de las bebidas alcohólicas; éstas se obtienen por fermentación o destilación. Según se trate de un procedimiento u otro, se conseguirán bebidas de diferente graduación; así por ejemplo, vinos, cervezas o cava surgen a partir de la fermentación de frutas o granos, mientras que habrá que recurrir a la destilación para lograr ginebra, whisky, ron, etc.

Los efectos del alcohol varían según las personas y las cantidades ingeridas. En un primer momento tiene un efecto estimulante y desinhibidor, lo que, entre otras cosas, facilita la comunicación y las relaciones interpersonales. Al tratarse, por lo general de una sustancia de fácil acceso, el hábito puede desarrollarse desde una edad temprana, sin que los jóvenes se percaten de ello. El peligro radica, sin embargo, en que cada vez se necesitan cantidades más altas para conseguir el efecto deseado.

El carácter social que presenta esta droga y la gran aceptación de la que goza permite que se cataloguen como normales patrones de consumo que son claramente desmesurados. El alcohol produce trastornos de diversa gravedad, tanto a corto como a largo plazo, y prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo humano se ven afectados por él.

Por ello, es conveniente delimitar los siguientes conceptos, relacionados con los tipos de consumo de alcohol (DSM-IV):

  • Uso: Hace referencia a consumos que, por producirse con una frecuencia mínima y en cantidades pequeñas, no reporta al individuo consecuencias negativas (físicas, psicológicas o sociales).
  • Abuso: Consumo que pueden tener consecuencias muy negativas (agudas o crónicas) para las personas: porque superan determinadas cantidades, por las características de la persona o de la actividad que realizan simultáneamente.
  • Dependencia: Bebedores habituales que ya han desarrollado tolerancia ante el alcohol, y por ello, cada vez han de beber mayores cantidades para conseguir el mismo efecto. Pueden presentar una conducta compulsiva por tomar alcohol de forma continuada o periódica.

Trastornos Orgánicos

Transcurridos pocos minutos tras la ingesta del alcohol, éste pasa al torrente sanguíneo donde se mantiene durante varias horas y desde el cual ejerce su acción sobre los diversos órganos del cuerpo.

El etanol afecta a todo el organismo, sin embargo uno de los órganos más perjudicado es el hígado; éste cumple con la misión de transformar el alcohol en otras sustancias que no resulten peligrosas para el sujeto, pero tiene una capacidad limitada: puede metabolizar entre 20 y 30 gramos de alcohol por hora y mientras tanto la bebida circula por la sangre dañando al resto de órganos por los que pasa.

En contra de lo pueda creerse, el alcohol no es un estimulante del Sistema Nervioso Central sino un depresor del mismo, pues a la sensación inicial de euforia y desinhibición, le sigue un estado de somnolencia con visión borrosa, incoordinación muscular, aumento del tiempo de respuesta, disminución de la capacidad de atender y comprender, fatiga muscular, etc.

El consumo excesivo de alcohol produce acidez de estómago, vómitos, diarrea, descenso de la temperatura corporal, sed, dolor de cabeza, deshidratación, etc. Si las dosis ingeridas son muy elevadas, como en la intoxicación etílica aguda, pueden inducir depresión respiratoria, coma (coma etílico) y ocasionalmente la muerte.
El consumo crónico conlleva alteraciones de diversa naturaleza según el órgano afectado:

  1. Cerebro: degeneración y atrofia.
  2. Sangre: anemia, disminución de las defensas, etc.
  3. Corazón: alteraciones cardiacas (miocarditis).
  4. Hígado: el alcoholismo es una de las principales causas de hepatopatía que suele manifestarse en forma de hepatitis o cirrosis.
  5. Estómago: gastritis, úlceras, etc.
  6. Páncreas: inflamación y degeneración.
  7. Intestino: trastornos en la absorción de vitaminas, hidratos y grasas que provocan cuadros carenciales.
  8. El consumo habitual por parte de la mujer embarazada puede dar lugar al llamado síndrome alcohólico-fetal caracterizado por malformaciones, bajo coeficiente intelectual, etc.
  9. Es una droga capaz de originar tolerancia y dependencia, tanto física como psicológica.

La retirada del alcohol en el paciente consumidor suele desencadenar un síndrome de abstinencia que requiere atención médica de urgencia. Los síntomas son los siguientes: entre las doce y dieciséis horas consecutivas a la privación de la bebida aparece inquietud, nerviosismo y gran ansiedad. Varias horas después, pueden presentarse calambres musculares, temblores, náuseas, vómitos y gran irritabilidad. A partir del segundo día de abstinencia surge el denominado "delirium tremens" caracterizado por confusión mental, aparición de delirios y alucinaciones, fuertes temblores, etc.

Muchos alcohólicos presentan la denominada tolerancia negativa: es suficiente una pequeña cantidad de etanol para que queden completamente ebrios.

Psicológicos.

El alcohol afecta a los centros superiores del cerebro provocando alteraciones de memoria, atención, reflexión y control social.

Es un depresor del Sistema Nervioso Central; actúa bloqueando el funcionamiento cerebral responsable de controlar las inhibiciones. Al encontrarse éstas disminuidas, el sujeto se siente eufórico, alegre, con una falsa seguridad de sí mismo que le puede conducir en ocasiones a la adopción de conductas temerarias. La ingesta excesiva produce falta de coordinación, lentitud en los reflejos, vértigo e incluso visión doble y pérdida del equilibrio.
La irritabilidad, el insomnio, los delirios de celos o de persecución son algunas de las alteraciones que, con frecuencia sufren los consumidores crónicos de esta droga. En los casos más graves, se produce una encefalopatía con deterioro psicoorgánico (demanda alcohólica).

Sociales.

En el núcleo familiar, el alto grado de alcoholismo produce la pérdida de responsabilidad, desestructuración, aparición de crisis, malos tratos, etc.

La inestabilidad, el absentismo laboral y el aumento de accidentes constituyen una muestra de los múltiples contratiempos que vive el paciente alcohólico en el ámbito profesional.

En el plano social, el abuso de alcohol se asocia a conductas delictivas, alteraciones del orden y suicidios. Los accidentes de tráfico merecen atención especial; un altísimo porcentaje de los mismos guarda relación directa con el consumo de alcohol. De esta manera se producen más muertos/día que con cualquier otra droga; entre los jóvenes, en concreto, es la primera causa de mortandad.

Intoxicación etílica grave.

Tras beber grandes cantidades de alcohol, éste llega en poco tiempo al cerebro y provoca los síntomas de embriaguez en sus diversos estadios. Las manifestaciones más importantes son los cambios conductuales desadaptativos como la desinhibición de impulsos sexuales o agresividad, labilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio y de la actividad social o laboral, lenguaje farfullante, descoordinación, marcha inestable, rubor facial, cambio del estado de ánimo, irritabilidad, locuacidad y disminución de la capacidad de atención. La conducta habitual del sujeto puede acentuarse o alterarse. A veces se asocia una amnesia de los acontecimientos durante la intoxicación.

Factores como la existencia de tolerancia, el tipo y la cantidad de bebida ingerida, la rapidez del consumo, toma simultánea o no de alimentos, circunstancias ambientales, personalidad, consumo de algún medicamento..., influirán de forma importante en las características de la embriaguez.

Los casos más graves de intoxicación determinan pérdida de conciencia, coma e, incluso, muerte por depresión cardiorrespiratoria.

Intoxicación etílica aguda

Los síntomas más comunes que pueden aparecer son: alteraciones de la visión y de la percepción, lenguaje farfullante, trastornos de la coordinación, confusión mental y desorientación.  
Hay una reducción de la capacidad autocrítica, cambios absurdos del estado de humor y emotividad (depresión, euforia, etc.), afectación de la memoria y empobrecimiento de las funciones del pensamiento. Todas estas manifestaciones, pueden variar según la tolerancia que cada sujeto haya desarrollado hacia el alcohol.

Intoxicación etílica crónica

El consumo abusivo de alcohol de forma continuada, conlleva la aparición de la dependencia psíquica, tolerancia y dependencia física, siendo esta dependencia física, la causante de que la interrupción del consumo de bebidas alcohólicas, de lugar a la aparición del síndrome de abstinencia (Delirium Tremens).

Como consecuencia de la intoxicación crónica, el organismo va sufriendo los efectos tóxicos del alcohol, siendo el hígado el principal afectado, dado que la metabolización del alcohol se produce en ese órgano, pudiendo producir en casos extremos la denominada cirrosis hepática.

El sistema nervioso central sufre también una serie de lesiones como consecuencia de la acción tóxica del alcohol, que se manifiesta en una serie de trastornos que van desde cambios de carácter, alteraciones de la memoria, confusión mental hasta enfermedades mentales irreversibles donde hay una pérdida de las capacidades psíquicas, físicas e intelectuales del individuo.

El consumo continuado, además de la dependencia psíquica, produce dependencia física, por la que la deshabituación, tras un largo tiempo de ingesta, debe hacerse con control médico. Por otra parte, en fases terminales, cuando el hígado esta muy dañado y no funciona correctamente, pequeñas cantidades de alcohol producen un gran efecto al no poderse metabolizar.

Síndrome de abstinencia:

La intensidad depende de los siguientes factores: grado de dependencia física, dosis diaria de alcohol consumida, frecuencia del consumo, antigüedad del consumo y presencia de otras patologías. En la abstinencia alcohólica se pueden diferenciar varias etapas:

  1. Estadío 1: aparece a las 12-36 horas de la supresión del alcohol y se caracteriza por un estado de nerviosismo, inquietud y gran ansiedad.
  2. Estadío 2: aparece a las 26-36 horas con sacudidas musculares, temblores, hipotensión ortostática y numerosas manifestaciones gastrointestinales (náuseas, vómitos, anorexia, etc.). Presentan gran irritabilidad.
  3. Estadío 3: a partir del segundo día de abstinencia aparece el cuadro de "delirium tremens". Se caracteriza por sudoración, deshidratación y fiebre; un síndrome neurológico con temblores, trastornos del equilibrio e incoordinación, y un síndrome biológico con deshidratación severa y pérdida rápida de peso. Este cuadro puede poner en peligro la vida del paciente.
  4. Estadío 4: alucinosis alcohólica con desorientación e ideas paranoides.

[alcohol-tratamiento]

El objetivo es la abstinencia en el consumo de alcohol. Es preciso que la motivación por el tratamiento, por parte del paciente, sea mayor que la motivación por el consumo. La decisión de abandonar el consumo surge en medio de un conflicto del paciente entre el deseo de beber alcohol y la pretensión de interrumpir su consumo por las consecuencias negativas que le comporta. Los pacientes tienen tendencia a minimizar su deseo de beber y las cantidades de alcohol realmente consumidas.
El proceso terapéutico consta de tres fases principales:

Confrontación:

Tiene como objeto superar la negación y ayudar al paciente a apreciar las consecuencias adversas del alcoholismo, aumentar la motivación y promover la abstinencia. En esta fase la familia juega un papel muy importante, no debiendo proteger al paciente de las consecuencias producidas por el alcohol. Pueden acudir a asociaciones como Alcohólicos Anónimos donde reciben apoyo, comparten sus temores y sentimientos de culpa, aun cuando el alcohólico rechace el tratamiento.

Desintoxicación:

En esta segunda fase, el objetivo es la supresión brusca y programada del consumo de alcohol, evitando las complicaciones potencialmente graves que se pueden presentar en el síndrome de abstinencia, y según los antecedentes personales, el nivel de consumo y el estado, nos determinaran el procedimiento a seguir, ya sea de forma ambulatoria u hospitalaria. La desintoxicación ambulatoria está indicada en pacientes que estén acompañados permanentemente, que no tiene problemas sociales o familiares graves, no existe una patología psiquiátrica asociada, ideación suicida, enfermedades médicas graves, o que no tiene antecedentes de abstinencias graves, delirium tremens o crisis comiciales. Cuando no se presentan estas condiciones se deben realizar desintoxicaciones hospitalarias. En la actualidad se disponen de un gran número de fármacos que se pueden utilizar en la desintoxicación, con diferentes propiedades y perfiles farmacológicos, que hacen posible la individualización de los tratamientos. Entre los más utilizados se encuentran el clometiazol, tiapride, diacepam, clordiacepóxido y loracepam entre otros. Los pacientes alcohólicos de larga evolución suelen presentar algún tipo de desnutrición acompañada de deficiencias vitamínicas y minerales, que se suele recuperar con una dieta equilibrada o bien con la administración de complejos vitamínicos B y ácido fólico.

Deshabituación:

En esta tercera fase se persigue que el alcohólico una vez desintoxicado no recaiga en el consumo de alcohol. Es una fase prolongada y su continuidad depende en parte de la relación que el paciente tenga con el equipo terapéutico. El riesgo de recaída persiste durante mucho tiempo después de la  interrupción del consumo. En general, la deshabituación consta de dos componentes primordiales: primero el mantenimiento y estímulo de la motivación que posibilita la abstinencia; y una segunda como la readaptación a un estilo de vida sin alcohol.
Esta fase se suele realizar por personal especializado, y consisten  en tratamientos multimodales médicos, farmacológicos y psicoterapéuticos. Entre los fármacos más utilizados en esta fase, y destinados a la prevención de las recaídas, encontramos los antidipsotrópicos, aversivos o interdictotes como disulfiram o cianamida cálcica; fármacos que disminuyen el deseo y la compulsión por la bebida como naltrexona y acamprosato; fármacos con acción sobre el sistema serotoninérgico como buspirona, citalopram, sertralina o fluoxetina entre otros.

Las diferentes técnicas de intervención psicológicas más empleadas, tienen varios puntos en común: motivar al paciente, enseñarle estrategias para afrontar los problemas, búsquedas de otras fuentes de refuerzo, control de los sentimientos desagradables, mejora del funcionamiento interpersonal, fomentar los apoyos sociales y mejorar el cumplimiento terapéutico.

Entre las terapias psicológicas más empleadas destacan:

  • Terapias cognitivo-conductuales.
  • Terapias conductistas.
  • Terapias psicodinámicas interpersonales.
  • Terapias de pareja y familiar.
  • Intervenciones breves.
  • Terapia de grupo.